1 de noviembre de 2019

5 cosas que hubiese querido saber a los 20

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Nadie se muere de amor


Sé que quizás haya algún momento en que creas que sí, que si esa persona que amas se va, tu vida perdería sentido. Pero no es así, nadie se muere de amor excepto que sea un caballito de mar y vos no lo sos. Esa sensación de ahogo es producto de que tu energía está demasiado concentrada en alguien. Tenés que diversificarla en otras cosas, enfocar tu energía en múltiples variables que te permitan estabilizarte. Una mesa no funciona con una sola pata, y vos tampoco lo vas a poder hacer. Siempre tenes que tener un equilibrio entre nuestros afectos y nuestros intereses.

Y cuando pienses que es mejor continuar con esa relación tóxica por no enfrentarte a la angustia, tené en cuenta que el dolor de la ruptura con los días se diluye, pero de la otra manera no.

No es necesario que sepas AHORA qué querés ser


A todos nos pasó que salimos del secundario, y tuvimos la presión paternal y social de necesitar saber que queríamos ser “cuando fuéramos grandes”. Esa frase que a lo largo de nuestra vida repetimos incansablemente y para la cual siempre teníamos una respuesta distinta, adquiere mayor relevancia y de repente pasamos de haber estado saltando en nuestro viaje de egresados a tener que definir algo tan importante como nuestro futuro.

Respirá, no es necesario que lo decidas ya, hay cosas que fluyen, cosas que vas a descubrir con el tiempo, con la práctica y sobre todo haciéndolo. No te cierres a los convencionalismos o ideas preconcebidas que te autoinculcaste, permití conocer todo y recién ahí elegí. Durante todo mi secundario y posterior carrera universitaria, me mantuve lo más alejada posible de los números y las matemáticas creyendo que eran enemigos mortales dispuestos a arruinarme la vida, con los años encontré que me permitían evaluar y dimensionar muchísimas de las acciones que yo implementaba y desarrollaba en mi trabajo, lo que las hizo fundamentales en mi día a día.

Esto me enseñó que todo lo que creíste que te gustaba o no en el colegio tenés que tomarlo con pinzas; permitite explorar y conocerte.

Los sábados podés no hacer nada


Cuando era adolescente, tenía un paradigma mental preconcebido que venía a ser algo así: “Un sábado sin planes, es un sábado perdido”. Esta idea rigió mis fines de semana durante años, al punto de que cuando mis amigas no estaban disponibles, y no lograba tener un plan para ese día, una angustia terrible se apoderaba de mí.

Sentimiento que me acompaño durante los años que estuve de novia si mi ex tenía un plan y yo no. E incluso una vez soltera, porque se suponía que si sos soltera y fabulosa tenés que tener un plan digno. Hoy en día, disfruto de igual manera un evento social o salida, como un plan conmigo misma. Encuentro en ese sábado “vacío” un momento de mimarme, de darme un gusto, de mirar una serie que venía con ganas o de simplemente hacer lo que sienta.

Aprender a disfrutar de la soledad, tal vez haya sido el mayor aprendizaje de estos últimos años, y sin duda uno de los que más paz me dio. Por eso mi consejo es no desesperarse, al contrario, aprovechar esa situación para ponerse al día con uno.

Aferrate a la gente que te hace bien


Es normal que al ampliar tu círculo de contactos, mediante la facultad, el trabajo, los after, de repente pases a creer que sos Roberto Carlos y tenés un millón de amigos. Pero no te confundas, la mayoría de esa gente es circunstancial, no van a continuar en tu vida. Y aunque está bueno, atreverse a generar lazos y disfrutar de las mil y un anécdotas que esas personas van a compartir con vos, es importante que aprendas a diferenciar la gente que te suma de la que no.

La persona competitiva, envidiosa, o tóxica es mejor mantenerla lejos. No sólo porque te van a consumir tu energía de manera innecesaria, sino porque probablemente inviertas tiempo en una relación que no prospere.

La gente que vale la pena es la que te hace bien, la que te impulsa para adelante, la que es crítica con vos pero no sentenciosa, la que busca que estés bien y mejor día a día sobre todas las cosas. Si alguien no te transmite eso déjalo ir, no le regales tu tiempo ni tu confianza a alguien que no sea transparente con vos.

Ningún exceso es bueno


No importa si hablamos de alcohol, trasnoche, trabajo, comida o relaciones, ningún exceso es bueno. Y aunque soy una fiel defensora de que la vida hay que vivirla y probarla, creo que siempre hay que hacerlo en la justa medida.

Yo también estuve loca de amor, y le dedique toda mi energía. Yo también tuve el corazón roto y salí todos los días de la semana, y yo también me volví una workaholic. Y aunque es verdad que a veces necesitamos meter nuestra libido en algo en particular para no derrumbarnos, es importante saber que el equilibro en nuestra vida sólo lo vamos a alcanzar si balanceamos todos los aspectos de ella en su justa medida.

Y ustedes, qué le hubiesen querido decir a su yo de los 20?

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